Casi cumpleaños
Casi un año ya, un año desde que casi acabo conmigo, un año tratando de conocerme, de "arreglarme"
Un año y pensaría que voy bastate bien, podría ir mejor pero ¿Cómo se mide realmente el progreso cuando de donde se sale es del más puro sentimiento de ya no querer seguir?
Después del hospital tardé un mes más en dejar de llorarle a la vida por haberme dado otra oportunidad. Duré días, semanas lamentándome por haber avisado, por haber dicho, por haber salido con vida. Pero en esas fechas todos a mi alrededor parecían amarme, parecían quererme en sus vidas; me escuchaban, me apapachaban y jamás me dejaban sola, incluso a pesar de ser una semi desconocida para ellos. Con el cariño logré decidir darle una oportunidad más a mi existencia, decidí empezar de nuevo y darme, por primera vez en mi vida, la oportunidad de realmente disfrutar mi estadía en este momento.
No supe mucho, o más bien casi nada, sobre la mayoría de mi familia, nunca recibí ni una sola llamada de quienes rezaron a un lado de mi en la sala de observación. No supe si simplemente se les olvidó o si fue demasiado, pero no las volví a ver más que un par de veces con saludos cortos y silencios incómodos, después solo supe de chismes y entendí que ese ya no era mi lugar. La relación con mis padres igual terminó rompiéndose, era cuestión de tiempo pero esperaba que fuera diferente. Me vi sola, sin hijos, sin padres, sin tías, ni primos pero con amigos que me acogieron y cuyas familias me abrieron los brazos. Me vi desesperada, con nuevos conflictos interminables con quien guarda la custodia de mis bebés, con peleas absurdas mientras hacía mi mejor esfuerzo por mantener el apetito, por mantenerme viva o al menos por mantener el deseo de seguir y logré seguir. Me cortaron la comunicación con mis amores más de una vez y se me negó el poder verlos cuando tuve la oportunidad. Un caso de "venganza", un capricho por un odio de años y una inmadurez inmensurable y logré salir.
Llegaron oportunidades y con ellas más conflictos que no pude sobrellevar y crisis tras crisis, logré levantarme un poco más.
Conocí personas y les lloré a esas personas, abrí mi corazón y se rompió una vez más, aprendí a poner mejores límites, aprendí a filtrar mis vínculos, a hablar por mi y poco a poco el deseo de vivir se hizo más presente.
Conocí mi valor después de años rodeada de gente que me hacía sentir insuficiente y yo que les creía. Reconocí mi esfuerzo, mis errores, mis debilidades; Reconocí heridas y patrones, traumas y fortalezas. Me sentí irreemplazable, linda, valiente y me prometí que nadie me volvería a hacer cambiar de parecer. Fui más amable conmigo misma, me hablé con más amor y me subí el autoestima, me abracé, me apapache y comencé a perdonarme eso que creí jamás podría. Me quité culpas, me quité pesos innecesarios y abracé mis responsabilidades desde la tolerancia y el amor.
Económicamente no florecí, pero emocional y mental diría que un poco, si. Sigo sin poder ver fotos sin llorar pero al menos ya no desatan un episodio o crisis monumental.
Entré a trabajar, hice más amigos y conseguí un ingreso "estable" creí que sería de ayuda, que me daría el tiempo de preocuparme en otras cosas pero el estrés, el continuo acoso y los horarios impuntuales me enfermaron más. Parte del ingreso "estable" ahora se iba a mi salud, medicinas, comidas, doctores y faltas. Migrañas intensas, contracturas inmensas, cólicos debilitantes y problemas intestinales. Pagué la renta, pero perdí meses cuyos días solo se perdían tolerando faltas de respeto, gritos, comidas frías y coqueteos incómodos. La desesperación volvía y con ella volvía el deseo de ya no seguir aquí.
Volví a escuchar de mis padres, volvimos a hablar y aunque era evidente cierta desaprobación, creí que sería mejor esta vez. Me enteré de ciertos apoyos hacia mi abusador y mi ofensa y dolor no entró en su lógica. La herida de traición tan grande en mi interior no hizo ni un ruido en sus conciencias y ninguna de las dos partes se decidió a ceder. Yo no me disculpé y ellos tampoco. En el pasado he tratado mil veces de hablarles, de que me quieran, que me escuchen y ya no quise rogar más.
Renuncié y estuve dos semanas en cama, enferma, con migrañas y sin apetito, preguntándome si en algún momento podria tener un descanso, preguntándome si en algún momento podría ser feliz por al menos un mes, si podría con todo, si volvería a verlos, a abrazarlos, a prepararles el desayuno; no me dejaban hablarles durante semanas, no fotos, no llamadas, ni siquiera en su graduación de preescolar.
He retomado la meditación, el tarot y volví a dibujar. Diseñé tatuajes, retomé mi diario, conocí a alguien que me ama y me apoya, mis amigos se han convertido en mi familia, cumplí 7 meses sin autolesiones y las crisis ya no estan presentes. La terapia ha sido irregular al igual que mi progreso, me siento más fuerte, me siento despierta y me siento viva y me ha tomado casi un año y creo, siento que lo estoy haciendo bien, que me he recuperado un poco, que voy descubriendo qué quiero realmente de mi vida, que he hecho avances y estoy consciente que el progreso no es lineal.
Me escribo esto a mi, para recordarme que he avanzado aunque muchas veces sienta que no, para reconocerme mi propio progreso, para recordarme que lo estoy haciendo bien y aunque "podría ir mejor" lo he estado haciendo suficientemente bien y no tengo por qué menospreciar mi esfuerzo.
Y publico lo que escribo para ser leída, para sentirme escuchada, para saber que no estoy sola.
Escribo para recordarme que no importa cuántas veces haya vuelto a desear mi muerte, no debo ceder solo por personas que actuan desde el odio, no debo ceder a las críticas de personas que ni siquiera han apoyado en nada. Valgo lo suficiente como para dejarme caer de nuevo de esa manera.
Casi un año, casi una vida.
Comentarios
Publicar un comentario